Los primeros blends, la verdadera historia
- Rolando Soto

- Sep 29, 2025
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Updated: Oct 8, 2025
Escribir este artículo es leer una parte muy importante de mi vida, descubrí componentes que moldearon mi pensamiento a una temprana edad y a mi familia, todo mezclado en esta historia.

Quizás, si ya llegaste a este punto, sabes que tenemos cuatro robustos de la marca Rolando Soto Cigars, en la línea Sommelier Selection y seguramente sea lógico deducir su historia porque llevan nombres sencillos: Midnight, Paradise, Soul y Resilience. Pero no, cada nombre lleva un significado detrás, más que eso, aquí comienza mi historia:
En mi familia paterna existimos tres Rolando Soto: abuelo, tío y el que redacta este artículo. El primero, Rolando Soto Sanchez nació en la ciudad de La Ceiba, Atlántida, en medio del paraíso caribeño de Honduras, un 21 de julio de 1930. Siempre un hombre amante del arte y de la vida. Lo definiría como un estoico, sin saber él mismo que lo era. Una persona que nació de la nada y, siendo un niño que vendía periódicos en la calle, logró construir mucho con eso. Siempre le dio una sonrisa a la vida, aún hasta aquel 27 de diciembre del 2011 que partió. Aún recuerdo esa mañana como la primera vez que mi alma perdió algo.

Mi abuelo fue un espacio seguro siempre. Llegar donde él era como llegar a la orilla de una playa en donde se puede sentir el agua cálida en los pies. De esas personas que parecía siempre tener la solución para todo y en un homenaje a su nombre, que logré heredar, nuestro Connecticut Robusto lleva como nombre Paradise, inmortalizando la memoria de un hombre excepcional que quiero compartir con todos ustedes, para que puedan sentir, de la manera que yo siento cada puff cuando lo fumo, como si volviera a ese paraíso dentro de mi alma que perdí aquel diciembre… aunque sea por momentos.
Del Caribe hondureño al sur de Brasil, esta historia se mueve en varios paralelos. Rolando Antonio Soto Rivera, nació un domingo 3 de noviembre de 1957 en Tegucigalpa, capital de Honduras. De esas cosas de la vida que, realmente, entre más pasa el tiempo menos logro comprender. Mi tío fue una persona que nunca logré descifrar por completo. Muy inteligente, hábil con las matemáticas y con facilidad para dominar varias lenguas. Se fue a Brasil a estudiar en los 80 y regresó como un alcohólico.
Sin hijos ni esposa, después de 13 años en Brasil -de los cuales ni nosotros sabemos qué fue lo que realmente pasó- , solo quedó una historia final en donde mi papá (por cierto, mi papá se llama René) lo recogió de la calle casi a punto de morir desnutrido y mendigo. Una persona que trató de combatir su adicción durante toda su vida, pero perdió la batalla un 20 de julio del 2020.

Durante una época de mi vida, para los que no lo saben, trabajé de bartender por las noches de los 18 a los 21 años mientras estudiaba en la universidad. En esta época salía de mis turnos a medianoche y lo más cerca que tenía era la casa de mi abuelo Rolando. Una casa de dos niveles con dos cuartos y una terraza muy grande con vista a una buena parte de la ciudad. Yo dormía en uno y mi tío como vecino al lado. Todas las madrugadas, cuando llegaba a la casa, me gustaba sentarme en la terraza a ver cómo la medianoche tiene su encanto entre el silencio y el frío, fumando unos puros muy pequeños con sabor a miel que aún recuerdo… y al señor que me los vendía. Este momento, casi como una religión, era compartido con mi tío. Nos sentábamos, él con su cigarrillo y yo con mi purito, a ver la noche y a hablar de su vida en Brasil, y casi como a contrastar mi vida con la de él en dos puntos diferentes: yo a mis dieciocho y él terminando sus cincuentas.

Esa fumada de medianoche era tan suave, tan dulce, tan esperada, que se convirtió en el momento que más disfrutaba del día. Es como llegar a esa hora donde todo es silencio, ruidos lejanos de fiestas por terminar, el viento y la ciudad huelen diferente. Y cada vez que llego a ese umbral de un día con otro con un puro en la mano, siento que lo puedo ver a él, justo ahí, viéndome, hablándome, recordándome —como en sus palabras decía—: “La vida es una mierda, pero aun así vale la pena vivirla al máximo”. Y ahí es donde Midnight Robusto es para él.
No es por crear drama, pero escribir los últimos dos párrafos me hizo llorar. Siempre que los recuerdo siento que algo pega hasta el fondo de mi alma.
Esta parte que sigue del artículo va ser la más difícil de todas, porque es sobre mí, y nunca me había puesto a pensar lo difícil que es escribir sobre uno mismo. Nací un 24 de marzo de 1993, en Tegucigalpa, Honduras. Mis padres, Yolanda Vargas y René Soto, decidieron nombrarme Rolando José en honor a mi tío Rolando (Midnight) y mi tío José Manuel, el hermano menor de mi mamá, quien es alguien muy importante en mi vida.

Mi mamá, profesora y mi papá, ingeniero forestal. Mis primeros años fueron en la Villa Olímpica (un complejo de apartamentos clase media baja en la capital). Mercadólogo de profesión, tabaquero por elección. Y lo haría dos veces sin dudarlo. A veces recuerdo mucho a Don Julio Eiroa, a quien le guardo mucha admiración. Me dijo cuando inicié en este mundo del tabaco: “Si querés entrar en el mundo del tabaco, tenés que estar loco o tener mucho dinero. Y como no tenés dinero, asumo que estás loco… y con eso es suficiente.”

Curiosamente, mientras encontraba las palabras correctas, sonó en mis audífonos una canción de The Brothers Osborne —I’m Not for Everyone (soy muy fan del country)—. Creo que habla mucho de mí. Quizás no tengo el mejor carácter y tengo muy pocos amigos. Soy un hombre de momentos, naturaleza, libros, familia, puros y bourbon. Creo que eso define mi esencia. Y Soul es un puro que, tal como la personalidad de cada quien, es único. Un puro que diseñamos a mi gusto para inmortalizar el homenaje de los tres Rolando Soto, que representa esa diferenciación de cada ser humano. No es para cualquiera, simplemente es diferente, como yo.
Para los que llegaron hasta aquí, es la primera vez que estoy contando muchas cosas de mi historia. Siempre he sido un poco crítico de los empresarios, sobre todo en el tabaco, que sobre exageran su historia para generar conexión con los clientes. Lo bonito de cada historia es contarla tal cual como fue. Si no, ya no es tu historia… es ficción. Y aquí es donde entra Resilience, un puro que debo confesar, de momento, no puedo dejar de fumar.
CRS Tobacco Company la fundamos entre Patricia Pineda (Michelita, como le digo de cariño) y yo, en octubre del 2022. En ese momento nuestros puros los producíamos en Plasencia: Midnight, Paradise y Soul eran nuestros únicos tres puros y se vendían como un conjunto en la línea Sommelier Selection.

El nombre Sommelier Selection nació porque yo fui el primero en sacar la certificación en Honduras, en el 2018, y fue una buena forma de promocionar la certificación y el producto.
Volviendo a Resilience: justo en agosto del 2023 rompimos, de manera inesperada y abrupta, relaciones con Plasencia y quedamos totalmente a la deriva. Fue un momento donde el proyecto parecía terminar. No teníamos suficiente capital para empezar completamente de cero, ni tampoco otra fábrica o tiempo para volver a empezar y mucho menos para esperar a producir productos y generar ingresos. Fue un caos. Casi el fin.

Pero cuando uno siente que toca fondo y se ahoga, aparecen esas personas que llegan para cambiarte la vida. Y aquí aparece Raíces Cubanas, quien ahora es nuestra casa y fue lo mejor que nos pudo haber pasado. Resilience nace como una propuesta para reactivar CRS mientras rediseñabamos todo con calma. Se creó la liga y salió como una nueva cara: el primer puro de esta nueva era. En diciembre del 2023 salieron las primeras 100 cajas.

Resilience es un recordatorio de que lo bueno cuesta. De nosotros para ustedes, uno de nuestros puros más emocionales de todo el portafolio.
Así se escribieron las primeras páginas de esta historia, sin cortes, ni ficción. Espero que disfruten de los frutos de estos años emocionantes. ¡Buenos humos!


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