El Tabaco y los mayas, herencia cultural de Honduras al mundo
- Rolando Soto

- Sep 29, 2025
- 3 min read
Updated: Dec 23, 2025
¿Cómo contar una historia de un lugar donde no estuvimos? De un fragmento de la humanidad que ni aún la ciencia ha descubierto por completo, pues hoy voy a tratar de explicar la relación del tabaco con una de las civilizaciones mas antiguas de la humanidad, los mayas.
Hablar de tabaco es hablar de historia, espiritualidad y poder. Para entender sus raíces más profundas debemos mirar hacia atrás, a una de las civilizaciones más avanzadas de Mesoamérica: los mayas.
Para darles un poco más de contexto, esta civilización milenaria floreció de forma continua durante más de 3,600 años, desde aproximadamente el 2000 a.C. hasta la llegada de los colonizadores españoles en el siglo XVII. Su corazón se ubicaba en lo que hoy conocemos como el occidente de Honduras, en la majestuosa región de Copán, tierra de café y selva.
Si bien el origen exacto del tabaco es aún tema de debate, existen evidencias contundentes que vinculan a los mayas con el consumo de tabaco hace milenios. De hecho, se podría decir que fueron los primeros fumadores de lo que hoy conocemos como puros: hojas enrolladas a mano con fines rituales, sociales y espirituales. Así, Honduras se convierte no solo en un país productor, sino en custodio legítimo de una tradición ancestral que ha sobrevivido el paso del tiempo.
Hoy en día, el puro es sinónimo de celebración, lujo y estatus para mucha gente. Su imagen se consolidó en la cultura popular a partir de los años 50, con figuras como Fidel Castro y el Che Guevara que lo transformaron en un emblema de una nefasta revolución. Pero no vamos a entrar en política, antes de esto el tabaco tenía un rol profundamente espiritual.
Para los mayas, el tabaco era medicina, ofrenda, protección, y magia. Se usaba para conquistar amores, sellar alianzas, ahuyentar espíritus, invocar a los dioses o incluso preparar maleficios. Su valor simbólico lo colocaba al nivel del maíz y el cacao, formando parte esencial de la vida ceremonial y política de la época.
Incluso hoy, algunas comunidades indígenas en Honduras —como los lencas y los chortís— continúan utilizando el tabaco con fines medicinales, sobre todo para tratar problemas respiratorios. Algunos estudios posteriores a la pandemia por COVID-19 han reabierto el interés por la nicotina como posible agente terapéutico, reafirmando la intuición ancestral de estas culturas, inclusive en Danlí, muchas personas afirman que quienes fumaron puros durante la pandemia nunca se enfermaron, no me consta pero tampoco descarto que sea cierto.
Los mayas atribuían al tabaco incluso el poder de repeler la muerte. Antes de dormir o durante ciertos rituales, se frotaban el rostro, el pecho y los brazos con tabaco molido para evitar que Pucuch, el dios de la muerte, se los llevara. El fuerte olor de la planta supuestamente alejaba a este espíritu. A la vez, creían que los “chacs”, dioses de la lluvia, eran grandes fumadores. Cada chispa que salía del tabaco encendido era vista como una señal divina: cometas en miniatura enviadas para protegerlos.
En mi búsqueda del mundo maya encontré a una investigadora, Mélida Molina quien afirma que, “la hierba”, como los mayas llamaban al tabaco, también se usaba para hacer amigos, ganar batallas y fumar la paz. Era habitual que un hombre fumara antes de cortejar a una mujer, ya que se creía que el humo tenía propiedades mágicas que las encantaban.
Entre los años 600 y 850 d.C., el tabaco estaba tan presente en la vida cotidiana que las élites comenzaron a tallar estelas de piedra con sacerdotes fumando durante rituales ceremoniales. Algunas de estas representaciones aún se conservan en las ruinas de Copán, Honduras, como prueba viva de esta conexión sagrada entre el tabaco y el espíritu maya.
Hoy, Honduras no solo es reconocida mundialmente por la calidad de sus puros, sino también por ser heredera directa de una tradición milenaria. Desde los rituales mayas hasta las modernas fábricas en Danlí y Santa Rosa de Copán, el tabaco sigue siendo un símbolo de identidad, conexión espiritual y maestría artesanal. Fumar un puro hondureño no es solo una experiencia de lujo: es participar en una historia que comenzó hace más de tres mil años, cuando el humo era puente entre el hombre y los dioses en las montañas de Honduras.


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